Aprender de las críticas es realmente complicado. Nos cuesta muchísimo. Pero se trata de un ejercicio imprescindible si queremos mejorar la calidad de nuestro trabajo y nuestra relación con los clientes. Debemos aprender a aceptar las críticas a nuestro trabajo para seguior progresando y llegar a ser unos excelentes profesionales freelance.

Las críticas son inevitables pero…

Ningún profesional está exento de crítica, desde el momento en que creamos productos y prestamos servicios que después van a ser utilizados y evaluados por un cliente, o por un usuario final.

El cliente paga por el trabajo, y espera unos resultados determinados. Si estos  no se ajustan a sus expectativas, nos lo hará saber a través de una crítica más o menos constructiva.

El hecho es que, aunque sabemos que las críticas a nuestro trabajo son inevitables, sentimos un auténtico rechazo cuando nos enfrentamos a ellas.

¿Por qué nos cuesta tanto aceptar una crítica?

Es normal que las críticas no nos agraden porque:

– Dejan ver que nuestro trabajo es mejorable.

– Demuestran que no hemos conseguido exactamente lo que nuestro cliente buscaba.

– Descubren errores e inconsistencias de los que no nos habíamos percatado.

– Nos muestran otros caminos -otras formas de enfocar y de hacer las cosas- que habíamos desechado, o que simplemente no se nos habían ocurrido.

Las críticas son costosas

Por si esto fuera poco, las críticas suelen obligarnos a revisar nuestro trabajo. Tenemos que “volver atrás” para subsanar los fallos y los aspectos en los que no hemos conseguido acertar con las exigencias del cliente. Eso cuesta tiempo y esfuerzo. Y, en cierto modo, nos hace perder dinero.

Para colmo, a veces nos encontrarnos con casos extremos: una crítica demoledora puede obligarnos a empezar casi desde cero, para abordar el proyecto de una forma completamente distinta. Es más, cuando la crítica es realmente dura, puede hacernos perder confianza en nuestro trabajo, en nosotros mismos y en nuestras capacidades.

Por lo tanto, la lección que solemos extraer de nuestra experiencia es que, al final, las críticas minan nuestra confianza, nos obligan a esforzarnos más, retrasan nuestra previsiones iniciales y, a cambio, nos nos proporcionan ningún tipo de recompensa visible…

Visto así, es normal que nos produzcan rechazo.

¿Qué hacemos cuando recibimos una crítica?

Como hemos visto, las críticas suelen originarnos un montón de problemas.

Por eso, de forma consciente e inconsciente, desarrollamos un mecanismo de protección muy poderoso cuando nos enfrentamos con una crítica. En el momento, frente al cliente, tratamos de aguantar el chaparrón. No queda más remedio. Pero una vez que tenemos la oportunidad de reflexionar, estas son algunas de las reacciones más habituales:

– Nos indignamos

– Negamos la existencia de los problemas que nos han señalado.

– Desacreditamos a la persona que emite las críticas. Es muy común que pensemos: “No tiene ni idea de lo que está diciendo”.

Esta postura nos impide plantearnos las preguntas importantes:

¿Y si las críticas tuviesen parte de razón?

¿Y si las críticas nos estuviesen proporcionando una información útil para mejorar?

Tener razón o no tener razón

A veces es cierto: el cliente hace un crítica poco acertada porque no conoce tu trabajo tan bien como tú. Pero incluso en ese caso, estás trabajando para él, y deberías ser capaz de convencerle con argumentos.

En realidad, su crítica te está dando pistas muy valiosas: por algún motivo no has acertado, no has sido capaz de defender las opciones que has elegido, no has conseguido satisfacer las exigencias del cliente.

Puede que él no sea capaz de señalar el problema exacto, pero seguro que es capaz de localizar el síntoma. Aunque no conozca bien tu trabajo, desde luego conoce muy bien su negocio, y sabe lo que espera de ti. Su crítica puede descubrirte un montón de aspectos que tú has pasado por alto. Por eso no deberías despreciar sus opiniones.

En muchas otras ocasiones, la persona que emite la crítica -amigo, cliente colaborador- da justamente en el clavo. Y eso nos duele todavía más. Porque ya no podemos despreciar esa opinión calificándola de disparatada, y porque no se nos ha ocurrido a nosotros, o no nos hemos dado cuenta antes.

Si no disponemos de una respuesta sólida, por mucho que nos moleste, lo más productivo es tomar buena nota para corregir los errores y mejorar nuestra próxima entrega.

Las críticas son necesarias para mejorar

Cuando presentamos nuestro trabajo y escuchamos alguna crítica, tendemos a pensar que si hubiésemos acertado a la primera, el proyecto ya estaría “prácticamente acabado”.

Pero el hecho es que prácticamente nadie acierta a la primera. Es casi imposible, incluso si contamos con una larga experiencia. Necesitamos las críticas para cambiar, crecer y mejorar. Porque, para empezar, no lo sabemos todo. Y porque muchos errores no surgen hasta que no nos ponemos manos a la obra, y llegamos a la situación en que éstos se hacen visibles y afloran a la superficie.

Incluso si, como sucede en alguna que otra ocasión, el cliente da por bueno nuestro primer intento, lo más probable es que un poco más adelante descubra que aquello no era exactamente lo que necesitaba, y que debería cambiar algunas cosas. Una buena crítica nos proporciona, precisamente, la pista que necesitamos para cambiar a tiempo. Nos permite descubrir los fallos de nuestro producto o servicio y nos da la oportunidad de realizar un trabajo mejor y más ajustado a las expectativas del cliente.

Por eso decimos que el hecho de superar las críticas -rebatiéndolas con argumentos sólidos, resolviendo los problemas que las originan- nos permite mejorar la calidad de nuestro trabajo, y da un nuevo impulso a nuestra relación con los clientes.

No todas las críticas son válidas

Por supuesto, esto no significa que tengas que dar por buenas todas las tonterías que escuchas. Todo tiene un límite.

Ya sabes lo que dicen: nunca aceptes una mala crítica de alguien que nunca será capaz de hacerte una buena crítica.

Y tú, ¿cómo reaccionas a las críticas?