¿Haces que tu trabajo sea simple o te complicas la vida? ¿ Cuánto tardas en entregar un presupuesto? Son dos preguntas que quizá deberías plantearte porque, cuanto más sencilla es tu forma de trabajar, más sencilla resulta tu relación con los clientes. Vamos a ver unos ejemplos:

Presupuestos rápidos

¿Cuánto sueles tardar en darle un presupuesto a un cliente interesado? La rapidez con la que respondes puede ser la clave para cerrar el trato. Es un poco como en una venta tradicional: hay que aprovechar el momento, porque si el interés del comprador se enfría, es muy posible que ya no vuelva a nosotros.

Como freelance tienes la ventaja de que no cuentas con una estructura pesada y burocrática: no dependes del trabajo de otros compañeros, no necesitas un informe de otro departamento, ni tienes que esperar a la autorización de tu jefe. Tú marcas los tiempos, todo depende de ti. Y eso hace que todo esté en tus manos. Si eres ágil -capaz de reaccionar con rapidez ante los cambios y demandas- el proyecto puede ser tuyo enseguida.

Para explicar lo simple -y eficaz- que puede ser un negocio cuando realmente lo hacemos simple y no nos complicamos la vida. Vamos a tomar como base para poner de ejemplo lo que ocurriría en una empresa de jardinería:

Llevaba semanas pensando en desarrollar un “proyecto” en mi patio trasero. Pero así, sólo pensando y mirando, no se consigue nada… Hasta que se me ocurrió preguntar cuánto costaría que otras personas lo hiciesen por mí.

Les llamé. El tipo llegó en 10 minutos. Estaba por allí, con otro trabajo, pero se acercó enseguida. Le dije lo que quería. Él echó un vistazo alrededor, durante unos 20 segundos, y me dijo: “300 dólares”. Yo le respondí: “Trato hecho”.

Eso fue todo. Nada de propuestas. Nada de “Contactaré contigo en breve”. Nada de “Déjame comprobar cuánto cuestan los materiales y te mando una estimación por email la semana que viene”.

Simplemente:

-300 dólares.
-Trato hecho.
-¿Cuándo puedes empezar?
-El miércoles.
-¿Cuánto tardarás?
-Unas cuantas horas, un par de personas.

El profesional conocía bien su negocio. Yo [como cliente] conozco el valor de mi tiempo. Y ahí cerramos la transacción. Fue algo “refrescante”, por lo novedoso.

Ya sé que no todo se puede hacer así, de forma tan sencilla, pero muchas veces tengo la sensación de que hemos desarrollado muchas formalidades y trámites que en realidad no necesitamos: contratos complicados, papeleo, retrasos, intentos de estimar todo al detalle… Demasiado: “Déjame que lo piense y contacto contigo”. ¿Realmente es esencial? A veces sí, pero la mayor parte del tiempo, probablemente no.

Propuestas más simples

Quizá podemos llevar la simplicidad también a nuestras propuestas a los clientes. Al principio preparaba ofertas de 20 páginas. Me pasaba toda la noche trabajando para presentar todo ese material a un posible cliente. Ahora considero que esas propuestas gigantes son una auténtica pérdida de tiempo:

“Al final, empezamos a hacer propuestas de sólo una página, y no pareció importar absolutamente nada. En 6 años, nunca pude encontrar una relación entre la longitud y el detalle de la propuesta y el hecho de conseguir el proyecto”.

Menos es más

Conclusión: Muchas veces, menos es más. En ocasiones, las circunstancias nos impiden hacer las cosas de forma sencilla. Pero a veces ni siquiera lo intentamos. Deberíamos preguntarnos por qué.

En el primer caso, el problema puede ser el método. En el segundo, nuestra forma de abordar los problemas.