¿Cómo procesamos la información de una página web? ¿En qué nos fijamos primero? ¿Hasta dónde leemos normalmente? Cuando diseñas una página web, o cuando redactas un texto online para tus clientes y usuarios, hay algunas reglas elementales que debes conocer, y que te ayudarán a dar en el clavo como el patrón F. Jakob Nielsen, gurú mundial de la usabilidad, las ha ido recopilando en su sección Alertbox.

Hoy te proponemos 3 consejos que nos parecen fundamentales:

1. El Patrón F: no leemos, escaneamos

Cuando nos encontramos frente a una página web no leemos, escaneamos. Y lo hacemos siguiendo un patrón en forma de F: las primeras líneas en horizontal, y después un descenso prácticamente en vertical, en el que sólo nos fijamos en el primer término de cada línea. El patrón tiene las siguientes características:

1. El primer movimiento del usuario es una lectura horizontal de la parte superior de la página, donde suele estar el título. Ésta sería la barra superior de la letra F.

2. En el segundo movimiento, el usuario desplaza la vista un poco más abajo, y realiza otra lectura horizontal, de izquierda a derecha, pero sin cubrir un área tan amplia como en el primer movimiento. Esta sería la barra horizontal inferior de la letra F.

3. Finalmente, los usuarios escanean el área izquierda de contenidos en un movimiento vertical. A veces, este escaneo es lento y sistemático; en otras ocasiones es mucho más rápido, y se compone de “puntos” más que de una línea continua. Esta sería la barra vertical de la F.

Consecuencias del Patrón F:

– Los usuarios no leen todo el texto, y no lo hacen palabra a palabra. Las lecturas exhaustivas son algo extraordinario.

– Los dos primeros párrafos deben contener la información principal. Si consiguen captar la atención del usuario, es posible que éste pase a leer los siguientes párrafos.

– Las primeras palabras de una frase, las listas y los subtítulos son importantes. El usuario podría detenerse en estos elementos mientras escanea. Raramente lo hará, por ejemplo, con una palabra situada en la mitad del texto.

2. Las 2 primeras palabras son la clave para captar la atención del ojo

Si en realidad no leemos, sino que escaneamos, debemos disponer la información de manera que consigamos captar la atención del usuario. Los estudios de Jakob Nielsen muestran que el usuario “procesa” los primeros 11 caracteres del título. Por eso, las 2 primeras palabras son clave. El usuario no llegará más allá en una primera visión.

Lo mismo ocurre con los listados de elementos y enlaces: normalmente el usuario “ve” las 2 primeras palabras, un poco más si son cortas, y sólo la primera cuando ésta es muy larga.

3. Usa números en vez de palabras (23 en vez de veintitrés)

Según los estudios de eyetracking -seguimiento de lo ojos- elaborados por Nielsen, en la web resulta mucho más efectivo escribir el número -por ejemplo “23”- que escribir la palabra -“veintitrés”- para captar la atención del usuario.

Los números son capaces de atraer y retener la atención del usuario cuando éste se encuentra “escaneando” la información. ¿Por qué?, te preguntarás. Porque los números representan datos concretos. Piensa en una página de producto. El número te da información útil y concisa: cuánto pesa el producto, cuánto cuesta, cuánto dura. Es información directa, y el usuario la prefiere a los párrafos “explicativos”.

Bueno, y la siguiente pregunta que debemos hacernos es: ¿por qué nuestros ojos se detienen en los números (23) y no en la palabra que los describe (veintitrés)? Muy sencillo: su forma es distinta a la del resto de palabras, y nuestros ojos la detectan enseguida. Para nuestros ojos/mente, 2415 se distingue perfectamente de “tres”, aunque ambos tienen 4 caracteres.

Así que ya sabes: en la web es mejor emplear números en vez de palabras. Y, por cierto, no tengas miedo a los números exactos aunque no sean “redondos”. Por ejemplo: “Nos han escrito 2.347 personas”. La exactitud proporciona credibilidad. De hecho, sería mucho más “sospechoso” que nos hubiesen escrito justo “3.000 personas”, ni una más, ni una menos…

Algunas excepciones:

– Cuando el número no hace referencia a un dato concreto. Por ejemplo: “Hemos hablado de ello un millón de veces”. No se trata de un número exacto, sino de una expresión hecha para enfatizar que ya hemos hablado de ello un montón de veces.

– Cuando la cifra es muy elevada: por ejemplo, seguramente queda más claro si escribes “1.000 millones” que si optas por 1.000.000.000