Decidir en tiempos de incertidumbre: de Mediocristán a Extremistán, el país de los cisnes negros

cisne negroSi todavía crees que somos buenos haciendo predicciones, intenta responder a alguna de las siguientes preguntas: ¿Qué analista financiero fue capaz de predecir esta crisis global? ¿Alguien predijo el ascenso imparable de la informática, o de Google? ¿Alguien pensó alguna vez que el uso de la corbata acabaría por imponerse en prácticamente todo el mundo?

Estos son sólo unos cuantos ejemplos de lo que el profesor Nassim Taleb denomina “cisnes negros”, es decir, fenómenos que realmente han tenido repercusión en nuestras vidas, y que nunca fuimos capaces de predecir. Nos pillaron por sorpresa. ¿Por qué? Taleb ha desarrollado una teoría apasionante al respecto. Vamos a echarle un vistazo:

Tomar una decisión hoy es diferente

No sé si lo has pensado alguna vez, pero tomar una decisión hoy no tiene nada que ver con lo que implicaba tomar una decisión hace apenas 30 años. ¿Por qué? Porque hace no tanto tiempo, los mercados eran mucho más predecibles, y aunque es verdad que se producían bastantes imprevistos, éstos no implicaban apenas consecuencias. Eran irrelevantes. En otras palabras, vivíamos en Mediocristán, un país en el que las excepciones existen, pero no acarrean consecuencias.

Sin embargo, hoy vivimos más cerca de Extremistán, un país lleno de “cisnes negros”: excepciones que pueden cambiarlo todo, y que no somos capaces de medir ni anticipar. Dicho en otras palabras, hoy nos enfrentamos a una sociedad extremadamente compleja, en la que la información fluye en todas las direcciones a gran velocidad, todo está interconectado, y los sucesos imprevisibles capaces de cambiar tu vida y tu negocio -para bien y para mal- pueden estar esperándote en cualquier esquina.

¿Qué es un Cisne Negro?

Taleb lo explica así:

Antes del descubrimiento de Australia, los europeos no tenían ningún motivo para pensar que podía existir un cisne negro, e incluso existía una expresión en el inglés del Medievo, que decía algo así como “Antes verás un cisne negro que…” Era como decir: cuando las vacas vuelen, o cuando a las ranas les crezca pelo. Hasta que llegamos a Australia y el descubrimiento de una sola ave acabó con siglos de evidencia… No puedes descartar la existencia de un cisne negro simplemente porque no hayas visto nunca uno.

En definitiva, lo que está en cuestión es la fiabilidad del razonamiento inductivo, que es el que nos permite formular una ley universal a partir de la experiencia. Y es que lo que no conocemos es mucho mayor que lo que conocemos. Así, un cisne negro no sería un pájaro, sino un suceso con tres propiedades: es difícil de predecir basándonos en la información disponible, ocasiona consecuencias importantes y, lo más sorprendente, no podemos predecirlo antes de que suceda, pero una vez que ocurre, pensamos que “lo habíamos visto venir”. Es lo que Taleb llama “distorsión retrospectiva”. Incluso hemos desarrollado disciplinas que nos proporcionan esa ilusión de que podemos entender el mundo, y de que somos capaces de predecir lo que va a pasar: la historia, la economía, la probabilidad, etc.

Somos muy malos haciendo predicciones

La tesis de Taleb es que somos muy malos a la hora de predecir los fenómenos realmente importantes. Podemos realizar predicciones sencillas, en sistemas sencillos, como por ejemplo calcular el número de accidentes que se producirán en una carretera. Pero más allá de eso, nuestras previsiones no son más que una pura ilusión. Él, que durante años fue operador bursátil, afirma que los analistas, asesores y corredores en realidad no tienen ni idea, y que si fuesen honestos deberían dedicarse a otra cosa… 

La evidencia silenciosa

Según Taleb, el mecanismo psicológico que nos permite tener esa “ilusión” de que podemos entender el mundo el mundo y somos capaces de predecir lo que va a pasar se llama “evidencia silenciosa”. Tras el suceso, nos centramos sólo en una parte de la información, justamente la que podría explicarlo, y dejamos de lado el resto de las pruebas y evidencias. Para Taleb, el ejemplo más claro es la I Guerra Mundial:

Después de la guerra, en todos los colegios y universidades se estudia que el conflicto estalló por la tensión existente entre Reino Unido, por un lado, y Austria y Alemania por otro. Es decir, que la tensión llevó a la guerra y que, por lo tanto, si hay tensión, podemos predecir el estallido de una guerra. Pero en esta concepción no tenemos en cuenta los episodios de tensión que no desembocaron en una guerra, y que han sido la mayoría.

En resumen: a la hora de tomar decisiones, nos basamos sólo en una parte de la información, y apartamos el resto: lo que no conocemos, lo que no somos capaces de observar, lo que no nos interesa. Tenemos tendencia a fijarnos en los desenlaces que se imponen (los sucesos que suceden, los libros que triunfan, las teorías que se imponen) y dejamos de lado aquellos que no llegan a nada, y que se vuelven prácticamente invisibles.

Otro ejemplo muy claro:

Nos fijamos en un asesor financiero que logra “vencer al mercado”, pero dejamos de lado a otros 50 que tienen las mismas habilidades, y que sin embargo han perdido. Así fabricamos la ilusión de que podemos ganarle al mercado cuando, en realidad, eso no siempre resulta posible.

De Mediocristán…

Como hemos explicado antes, el mundo ha cambiado por completo, y por esa razón adoptar una decisión ahora resulta bastante más complicado. Taleb emplea una excelente metáfora para describir la evolución del modelo económico: propone la existencia de dos países. Por un lado está Mediocristán, y por otro Extremistán.

Imagina que reúnes a 1.000 personas, escogidas al azar, y que decides medir su estatura para establecer la media. Pongamos que el resultado es 1,70 metros. Si buscas a la persona más alta del planeta -2,50 metros- y la traes a ese nuevo país, ¿cambiará mucho la estatura media de la población? No. En absoluto. Esa persona, a pesar de ser altísima, supone un porcentaje ínfimo del total. Pues bien, ese país es Mediocristán, un lugar en el que las excepciones no tienen repercusión. Allí sí que podemos realizar previsiones, porque las matemáticas, la estadística y la probabilidad tienen sentido.

…a Extremistán

Ahora vayamos a otro país. Reunamos a otras 1.000 personas al azar y hagamos una media con todo el dinero que pueden aportar. Acto seguido, traigamos a un persona realmente rica. Por ejemplo, a Bill Gates con sus 5.000 millones de dólares. ¿La presencia de esa excepción cambiará la riqueza media del país? Por supuesto que sí. De hecho, lo más seguro es que Gates tenga, él solo, más dinero que todos los demás habitantes juntos. Este es Extremistán, un lugar en el que las excepciones provocan cambios de enorme profundidad, y en el que las disciplinas de medición y predicción que hemos desarrollado no sirven para casi nada…

Según Taleb, la justicia social pertenece a Mediocristán, pero las oportunidades y, lo que es más importante, el modelo económico actual, es mucho más parecido a Extremistán. Extremistán es, por tanto, el país de los cisnes negros, excepciones imprevistas que pueden llegar incluso a destruir el sistema.

Taleb nos proporciona un último ejemplo para que puedas entender la diferencia entre estos dos países:

Afortunadamente, yo no tengo que volver a escribir mi libro cada vez que alguien quiere comprarlo. Algo parecido sucede con Google. Hoy podemos abastecer la demanda de la información, por grande que sea, sin problemas. En cambio, si yo preparase bocadillos y me hiciesen un millón de pedidos, no tendría ninguna  manera de atenderles. Google y yo pertenecemos a Extremistán. Sin embargo, el hombre que prepara bocadillos pertenece a Mediocristán.

Y entonces, ¿qué hacemos?

Como hemos tenido oportunidad de comprobar, para Taleb, realizar predicciones hoy no tiene ningún sentido. Es un gasto de tiempo y energía, porque no se van a cumplir. Pero entonces, si somos incapaces de anticipar esos “cisnes negros” que cambiarán el mundo, ¿qué podemos hacer? Según Taleb, podemos prepararnos. En vez de concentrarnos en analizar los datos, debemos pensar en las cosas de verdadero impacto que podrían suceder y que arruinarían nuestra vida y nuestro negocio. Y debemos actuar sobre aquellas que están a nuestro alcance. 

Unos ejemplos: No tiene sentido que nos preocupemos por la posibilidad de que nuestro avión se estrelle, porque es algo que escapa a nuestro control. Tampoco vamos a obsesionarnos con la posibilidad de desarrollar un cáncer de pulmón. Pero sí podemos dejar de fumar y pasar un chequeo médico para hacer todo lo que esté en nuestra mano. Y en nuestro negocio, lo mismo: no debemos preocuparnos tanto por el plan de negocio del año próximo, y debemos centrarnos más en contratar un buen seguro de responsabilidad civil, por poner un ejemplo. Se trata de evitar que un simple accidente nos lleve a la ruina. 

Por supuesto, la otra clave está en aprovechar aquellos cisnes negros positivos que, sin duda, también van a cruzarse en nuestro camino. En otras palabras, debemos estar preparados para aprovechar las oportunidades conforme surgen. Sin miedo y con determinación.

Te recomendamos este vídeo en el que Taleb presenta magníficamente su teoría.

También puedes consultar más información sobre los cisnes negros.