Un poco de autocrítica no viene mal de vez en cuando…

autocriticaHacer autocrítica no resulta sencillo, pero constituye un ejercicio imprescindible: nos permite evitar los fallos cometidos en el pasado, y nos proporciona la información que necesitamos para introducir cambios y realizar así nuestro trabajo de una forma más eficaz.

La importancia del análisis inicial

El primer paso para hacer autocrítica es realizar un análisis riguroso y sincero de la situación actual.

Hay que plantear las preguntas adecuadas, y buscar una respuesta que se ajuste a la realidad, superando la tendencia que casi todo el mundo tiene a “autojustificarse”, y a pasar por alto los errores propios. Porque la responsabilidad de lo que “no funciona” no puede recaer siempre en los demás…

Estas son algunas de las preguntas clave que deberías plantearte:

1. ¿Qué está fallando?

Seguramente alguno de los proyectos que has realizado no ha ido del todo bien: el resultado final no ha sido satisfactorio para ti o para el cliente, has encontrado demasiadas dificultades en el día a día, has tenido roces con otras personas, has echado en falta algún conocimiento o alguna herramienta, no has podido acabar a tiempo, etc. También es posible que hayas perdido algún proyecto porque no has sabido convencer el cliente durante la presentación de tu propuesta, o porque tu oferta no estaba ajustada a sus necesidades. En definitiva, se trata de detectar qué está fallando.

2. ¿Por qué?

Las cosas no ocurren porque sí. Es importante identificar la causa real de que algo no funcione tan bien como debería. Y además conviene hacerlo analizando nuestra propia responsabilidad, sin cargar todas las culpas en elementos externos (cargar la responsabilidad en los demás no ayuda a solucionar los problemas, y acaba convirtiéndose en una excusa para seguir haciendo las cosas de la misma manera).

Lo que nos interesa en este momento es descubrir en qué hemos fallado NOSOTROS, porque es ahí donde podemos actuar (cambiar a los clientes es algo poco razonable).

3. ¿Cómo puedo mejorar?

Una vez identificada la raíz del problema, debemos encontrar una posible solución. Sabemos que las recetas mágicas no existen, pero seguro que podemos encontrar una nueva forma de hacer las cosas que, al menos, nos permita minimizar el impacto negativo del problema en cuestión.

Siempre existen varias alternativas: analiza las ventajas y desventajas de cada una de ellas, y selecciona la opción que te parezca más adecuada. Más adelante, si compruebas que la opción escogida no funciona, podrás modificarla. Ten en cuenta que, a menudo, la solución se encuentra en nuestra actitud, y no tanto en un determinado proceso o herramienta.

4. ¿Estoy haciendo lo que he decidido hacer?

A veces no se trata tanto de descubrir cuál es la solución, puesto que ya la conocemos, sino de ponerla en práctica. Como siempre, el plan que hemos trazado sirve de poco si luego no nos aseguramos de ejecutarlo.

Un ejemplo: Nos hemos dado cuenta de que el cliente valora mucho que respondamos a sus emails con rapidez. Sabemos que si lo hacemos reforzaremos su confianza. Pero saberlo no es suficiente: debemos aplicar un método para responder a sus correos en un plazo razonable.

5. ¿Podría hacer las cosas de otra manera?

En muchas ocasiones las cosas van bien: nuestro sistema de trabajo funciona, y los resultados son buenos. Pero eso no significa que no pueda mejorarse; tampoco nos garantiza que vaya a funcionar siempre, dado que los escenarios cambian a toda velocidad: nuevas herramientas, nuevas disciplinas, nuevas condiciones económicas, etc.

Por eso resulta tan importante innovar. Descubrir una nueva forma de hacer las cosas puede proporcionarnos un importante ahorro de tiempo a la hora de realizar nuestro trabajo, y además nos ayuda a adaptarnos a las exigencias futuras del mercado.

Áreas de actividad en las que podemos actuar

Es evidente que podemos detectar errores e introducir nuevas prácticas en todos los niveles de nuestra actividad profesional. Estos son algunos de los más representativos.

– Propuesta comercial: cómo presentamos nuestra propuesta al cliente, en qué materiales nos apoyamos, qué prácticas utilizamos para dar continuidad a las propuestas comerciales y conseguir que este esfuerzo se sustancie en un proyecto concreto.

– Planificación y estimación: los mecanismos, procesos y herramientas que utilizamos para estimar el alcance y el presupuesto de un proyecto, y para planificar cómo vamos a realizar el trabajo.

– Comunicación con los clientes: el método y el tono empleado para comunicarnos con el cliente en todas las fases del proyecto, y la actitud que adoptamos cuando comunicamos.

– Método y herramientas de trabajo: el sistema de trabajo y los programas y aplicaciones que empleamos para desarrollar este trabajo.

– Atención al cliente: cómo resolvemos las dudas y los problemas planteados por el cliente, y las labores de seguimiento que realizamos para dar un buen soporte y conseguir nuevos proyectos.

Y tú, ¿qué experiencia has tenido con la autocrítica?