Las ventajas de ser pequeño: el profesional freelance frente a las empresas

hormiga¿Puede un profesional freelance competir con una empresa? ¿Qué ventajas puede aportar a sus clientes basándose en su menor tamaño?

Estas son preguntas que a menudo nos hemos planteado, y que vamos a tratar de responder:

Cuestión de tamaño

Una empresa -sobre todo si es de tamaño mediano o grande- cuenta con una poderosa estructura: varios departamentos, muchos profesionales, medios físicos, tecnológicos y económicos, fuerza comercial, economías de escala, capacidad para amortiguar el impacto de un proyecto mal gestionado, etc.

A primera vista, puede parecer que un profesional freelance no es capaz de hacer frente a tanto poderío. Sin embargo, resulta que vivimos en un mundo cada vez más cambiante y acelerado, en el que la agilidad -la capacidad de adaptarse al cambio con rapidez- se ha convertido en un valor esencial.

Por eso, y por otras razones de peso que ahora vamos a repasar, podemos afirmar que ser pequeño -una única persona- tiene muchas ventajas, y que el cliente puede convertirse en el principal beneficiado de esta estrecha relación personal y comercial.

Toma rápida de decisiones

En un mundo en el que todo cambia a toda velocidad, la capacidad de decisión es clave. Un freelance puede decidir prácticamente al instante, frente a las medias y grandes compañías, que deben pasar por múltiples filtros y responsables antes de adoptar una resolución.

 

Más capacidad de innovación

La división tradicional de las organizaciones en departamentos estancos dificulta mucho la innovación, en la medida en que cada iniciativa debe superar numerosos filtros y aprobaciones, la comunicación no fluye con libertad, y la estructura jerárquica ofrece una fuerte resistencia al cambio: los empleados -en especial los directivos- tienden a mantener el statu quo, es decir, el orden ya consolidado de privilegios.

Mayor responsabilidad

Un freelance está obligado a responder siempre, sin excusas, sobre su trabajo, puesto que no tiene a nadie por debajo ni por encima, y, por tanto, no puede cargarle la culpa a nadie… Esta es una excelente noticia para el cliente final, frente a la propuesta de las organizaciones tradicionales, que en ocasiones se dedican a trasladar los problemas de departamento en departamento sin llegar a resolverlos.

Un trato personal

No es lo mismo tratar con el departamento de una empresa -en el que unas veces responde uno, y otras veces da la cara otro- que con un único interlocutor. Es verdad que las empresas suelen asignar a un responsable para cada proyecto, y que este es el que suele dirigirse al cliente. Pero sigue sin ser lo mismo: un freelance no solo ejerce una suerte de “labor comercial”, sino que además se encarga de realizar el trabajo, por lo que no tiene ningún interés en vender humo, y realiza estimaciones mucho más fiables y ajustadas a la realidad.

Es bien sabido que todos los proyectos de un profesional freelance son “prioritarios”, cosa que no siempre sucede en las empresas de mayor tamaño. Como consecuencia lógica de esta estrecha relación, el profesional freelance acaba entendiendo perfectamente al cliente, y es capaz de responder a sus verdaderas necesidades.

Menos gastos generales

En muchas ocasiones, las empresas son gigantes con pies de barro. Tienen más empleados, más infraestructuras, más dependencias y, desde luego, más presupuesto, pero esto no siempre es una ventaja. Al contrario: sus gastos generales son mucho más elevados -hay que pagar la sede, las nóminas, etc.- y, con las restricciones actuales al crédito, un pequeño problema de tesorería les puede llevar a un callejón sin salida. No sería la primera vez que una empresa se encuentra con que no puede pagar las nóminas del mes, y es sabido el efecto demoledor que esto tiene sobre la motivación y el desempeño de los empleados; y, en consecuencia, sobre la calidad del trabajo entregado al cliente.

La presencia de estos abultados gastos generales impide que muchas empresas puedan realizar presupuestos verdaderamente ajustados, salvo en proyectos que se consideren estratégicos, y que solo pueden abordarse muy de vez en cuando, porque no dejan de ser deficitarios.

Por último, estos gastos generales limitan la capacidad de estas empresas para realizar proyectos “demasiado pequeños” -no se consideran rentables- lo que deja el camino libre para los profesionales freelance.

Flexibilidad

Los profesionales freelance no solo son más ágiles que una empresa a la hora de tomar decisiones, sino que además pueden adaptarse de forma mucho más rápida a las necesidades específicas del cliente, por ejemplo en lo que respecta a los horarios, movilidad, etc. Frente a las limitaciones de un equipo -hay que recabar la aceptación de los empleados para cambiar determinadas condiciones de trabajo previamente establecidas- el profesional freelance solo tiene que responder por sí mismo, lo cual significa que puede adaptarse al instante.

Un alto nivel de motivación

La fuerza de un equipo es muy poderosa cuando todos los componentes están motivados, pero esto no siempre resulta sencillo y, de hecho, también tiene una lectura negativa: un solo miembro desmotivado, enfadado, aburrido, etc. puede acabar con toda la fuerza del equipo.

En el caso de los profesionales freelance es mucho más sencillo: solo hay que motivar a una persona, y esa persona eres tú mismo. Además, hay que tener muy en cuenta que la motivación suele llegar por sí sola, ya que lo que está en juego es tu credibilidad profesional y, en última instancia, tu propio medio de vida.